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Los efectos en Chile de la volatilidad en la región

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29 Ago, 2018

En un comienzo, Estados Unidos estornudaba, y el mundo -y Chile por supuesto también- se resfriaba. Luego, migramos a una situación en la que China estornuda, y Chile se enferma. Y ahora, pareciera ser que Brasil o Argentina estornudan, y a Chile le da pulmonía. Al menos así lo leen los mercados financieros. Y si bien lo anterior son más bien dichos populares en el mercado, reflejan la alta dependencia de nuestra economía/empresas/mercados precisamente a Estados Unidos, el gigante asiático, y por supuesto la región. Ello explica, al menos parcialmente, por qué a pesar de que nuestra economía está creciendo a un ritmo acelerado, no visto en varios años, y los niveles de confianza se han recuperado hasta terreno optimista, ni la bolsa local ni el tipo de cambio han logrado capitalizar dichos positivos indicadores.

Así, aun cuando se espera que Chile crezca en torno a 3,8% este año, y 3,4% el próximo, con una inflación sumamente controlada y estable, TPM subiendo tímidamente este año (+25pb) y el 2019 (+75 pb), es decir, un ambiente macro prolífero, el Ipsa acumula una caída de 5% en lo que va del año, mientras que el peso una depreciación de 7%. Y si bien es posible argumentar que el 2017 fue un año excepcional donde se incorporaron por adelantado las buenas expectativas del 2018/2019 (con un Ipsa rentando 34% y un peso apreciándose casi 9%), probablemente el mal año que los mercados financieros están experimentando en la actualidad tiene más que ver con el contexto de China y más particularmente de la región, que parecieran pesar mucho más que el buen porvenir macroeconómico local.

Sin lugar a duda, Chile es una economía pequeña y abierta, y por ende está bastante expuesta a lo que ocurre en la región y a nivel global. Y por su parte, el mercado financiero tiene esas mismas características, donde Chile representa en torno a 10% de Latinoamérica (Brasil más de 50%), mientras que más de la mitad de los ingresos de las compañías del Ipsa se generan fuera de Chile, mayoritariamente en la región. Por ello se torna tan relevante lo que ocurra en Latinoamérica. Y en esta línea las principales preocupaciones -y por ende impacto y volatilidad de los mercados- vienen por el lado de Brasil y Argentina.

Respecto a este último, el problema es algo más estructural y por ende de más largo aliento. En el caso de Brasil, ciertamente el principal elemento de incertidumbre son las próximas elecciones, a realizarse el 7 de octubre, con balotaje el 28 de octubre.

¿De dónde viene tanta volatilidad asociada a Brasil? En un reciente viaje a dicho país, me llamó enormemente la atención la falta de consenso que había entre distintos actores del mercado, todos altamente informados, respecto al resultado mismo de la elección, así como los impactos en el mercado ante los distintos candidatos. Ello no ocurría, por ejemplo, en la última elección en Chile, donde las opciones eran indudablemente más limitadas, y el impacto estimado sobre mercado accionario y cambiario ante las distintas opciones era bastante consensuado. Así, por lo que pude observar en Brasil, de cada 10 actores de mercado, hay 10 estimaciones distintas de resultados e impactos, que van desde escenarios en que el Bovespa podría tocar los 55.000 puntos hasta los 90.000 (un rango de -30%/+15% desde los niveles actuales), y con estimaciones de que el real podría bordear los BRL 3,5 (15% de apreciación) o incluso llegar a BRL 5 (20% de depreciación). Lo anterior justifica la alta volatilidad que observamos actualmente en dichos activos, y que ciertamente ha contagiado fuertemente a la bolsa y tipo de cambio local.

Con alta probabilidad, en las próximas seis semanas que restan hasta la primera vuelta, ello no hará más que amplificarse, especialmente cada vez que se publiquen nuevas encuestas. La última de ellas da nuevamente como ganador a Lula da Silva, aunque está lejos de la mitad más uno de los votos necesarios para evitar el balotaje. Más aún, existe todavía un mayor número de indecisos que de potenciales votantes de Lula, y las probabilidades de que pueda presentarse son bajas (lo cual debe ser visado por el Tribunal Superior Electoral hasta el 17 de septiembre). En segundo lugar se ubica el diputado de ultraderecha Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal) con buenos números, pero lejos de su principal contendiente. Debajo de Bolsonaro existe una gran dispersión entre un puñado de candidatos que hoy cosechan escasa adhesión, pero intentarán sacar provecho y recolectar votantes del PT si finalmente Lula es apartado de la contienda. Por su parte, Geraldo Alckmin, el candidato mejor evaluado por el mercado, podría verse favorecido una vez que comience la campaña propiamente tal, en septiembre, ayudado por su tiempo disponible en la TV.

Los mercados financieros chilenos seguirán bastante de cerca lo que ocurre en Brasil, viéndose altamente impactados con esta volatilidad, al menos hasta finales de octubre. Así, la incertidumbre asociada a este proceso tiene sus días contados. El resultado ciertamente no será inocuo, ni para la economía ni para los mercados, pero al menos la volatilidadebiera tender a disminuir una vez concluya el proceso, lo que pudiera dar pie, desde una mirada egocentrista, a que los mercados domésticos se acoplen a los sólidos fundamentales que parecieran reinar en Chile, tanto en términos macro como corporativos.

Fuente: Mercurio Inversiones